La COVID-19 y la importancia de la convalecencia

marina

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Antes los médicos solían apostar por el lento periodo de recuperación conocido como convalecencia. Algunos expertos afirman que volver a adoptarlo podría ser beneficioso para una serie de enfermedades y lesiones de larga duración.

En 2012, la estudiante de doctorado Hosanna Krienke buscaba temas para su tesis sobre literatura británica. Como paciente de cáncer en recuperación, le llamó la atención el tema recurrente de la enfermedad y la recuperación en las novelas del siglo XIX. Krienke había terminado su tratamiento de inmunoterapia, pero seguía sintiéndose como una paciente. Todo el mundo a su alrededor se comportaba como si todo hubiera terminado, "y yo no podía expresar por qué no me sentía igual", comentaba la paciente.

Krienke se planteó la pregunta: ¿Por qué los personajes de las novelas victorianas (desde Casa desolada, de Charles Dickens, hasta El jardín secreto, de Francis Burnett) se sentían libres para pasar tanto tiempo mejorando? ¿Y por qué hoy en día se espera que la gente se recupere rápidamente tras una enfermedad grave?

Según ella, la respuesta se encuentra en el cambio de actitud hacia la recuperación. Este proceso de restablecimiento era uno de los principales objetivos de los médicos y las familias. Durante siglos, el cuidado de los convalecientes venia destinado a evitar recaídas e integrar a los pacientes de nuevo en la vida normal.

Pero con los avances médicos, la tolerancia a una larga recuperación disminuyó. "La medicina moderna se siente incómoda cuando no tiene una solución rápida", dice Lancelot Pinto, neumólogo asesor del Hospital P.D. Hinduja y del Centro de Investigación Médica de Bombay (India).

Ahora, esas ideas más antiguas sobre la recuperación podrían ofrecer una perspectiva importante para la pandemia, ya que millones de pacientes post COVID-19 se encuentran frustrados por la persistencia de los síntomas meses después de su infección.

La pandemia ofrece la oportunidad de reconsiderar la experiencia del paciente, sugiere Sally Sheard: "Uno de los mensajes más claros de mi trabajo sobre la convalecencia es que no se puede precipitar el proceso". En el Reino Unido, algunos pacientes de la COVID-19 fueron dados de alta demasiado rápido, para liberar camas, mientras que otros permanecieron demasiado tiempo en el hospital porque no tenían ayuda en casa, dice, y añade: "así que tal vez necesitemos hogares a medio camino o de recuperación", no muy diferentes de los antiguos hogares de convalecencia.

Los hospitales "no han tenido este número tan elevado de personas con una enfermedad común en un siglo", señala Ann Parker, neumóloga y codirectora del equipo de COVID-19 de Johns Hopkins. Después de padecer la COVID-19 prolongada, la medicina clínica trata a los pacientes de forma sintomática, recurriendo especialmente a la rehabilitación post-cuidado intensivo. El tratamiento puede incluir servicios de "apoyo" como fisioterapia y asesoramiento para síntomas como la fatiga y la ansiedad, dice Parker.

Al principio de la pandemia, la Academia Americana de Medicina Física y Rehabilitación recomendó programas individualizados y aconsejó a los pacientes que "prestaran atención a su cuerpo" y "marcaran el ritmo" de su actividad, algo que no se diferencia de las prescripciones del siglo XIX para la convalecencia.

Los expertos no entienden cómo el ejercicio desencadena la fatiga después de una infección: algunos plantean la hipótesis de que el sistema inmunitario reacciona de forma exagerada, causando inflamación. A falta de una terapia específica, "es un cambio cultural de volver a lo básico, de ocuparse de la rehabilitación, que es lenta".

Los orígenes de la convalecencia

La lentitud es la norma histórica. Hoy en día, la atención a la convalecencia suele asociarse a los sanatorios europeos para tuberculosos del siglo XIX, inmortalizados en novelas como La montaña mágica, de Thomas Mann. La palabra "convalescer" deriva del latín convalescere, una combinación de com, que significa "juntos", y valescere, "crecer fuerte".

La convalecencia se deriva de las tradiciones médicas griegas, y en particular de las ideas de Galeno, médico y filósofo. El desarrolló la idea de Hipócrates de que la enfermedad es un desequilibrio de temperamentos, y afirmó que el cuerpo existía en uno de tres estados: sano, enfermo y neutro. Esta última fase se consideraba un estado intermedio que no estaba "ni enfermo ni sano", escribe Newton. Incluía a los recién nacidos, los ancianos enfermos, las madres primerizas y los convalecientes. La aceptación del estado "neutro" sugiere que los primeros médicos modernos veían la salud como "no sólo la ausencia de enfermedad sino la presencia de fuerza".


Las intenciones terapéuticas en esta época eran distintas para cada estado, dice Newton. Los primeros tratamientos modernos buscaban preservar a los sanos, curar a los enfermos y evitar las recaídas y restaurar la fuerza en los convalecientes. Los médicos observaban las secuelas que nos resultan familiares hoy en día (fatiga, mala memoria, caída del cabello, ansiedad) y prescribían remedios que giraban en torno al estilo de vida. Se aconsejaba a los pacientes que comieran alimentos nutritivos y fáciles de digerir, que aumentaran paulatinamente el esfuerzo y la exposición al aire libre y que durmieran mucho.

La necesidad de este tipo de residencias fue nombrada por la pionera de la enfermería Florence Nightingale. "Ningún paciente debe permanecer un día más en el hospital de lo que es absolutamente esencial para el tratamiento médico o quirúrgico", escribió en su tratado de 1859 ¿Qué hay que hacer, entonces, con los que aún no están en condiciones de llevar una vida laboral? Cada hospital debería tener su rama de convalecencia, y cada condado su hogar de convalecencia".

Nightingale estableció reglas para el diseño de estos hogares, sugiriendo que lo ideal sería una cadena de casas de campo o junto al mar. "Algunos convalecientes querrán descansar por completo; y esto, con aire fresco y buena comida, será el elemento principal de su recuperación", escribió Nightingale. "Otros podrán caminar y, sin embargo, no podrán utilizar sus brazos para realizar las tareas domésticas".

Los médicos victorianos se quejaban de que trataban a un paciente, sabiendo que la persona simplemente desaparecería en la ciudad, enfrentándose a las mismas tensiones de la pobreza, la desnutrición y el trabajo duro que le habían hecho enfermar inicialmente. Los cuidados de convalecencia parecían una forma de romper el ciclo.

La COVID-19 ofrece ahora la oportunidad de reexaminar la terapia de la convalecencia.

Para Krienke, conocer la convalecencia victoriana le ayudó a adaptarse al ritmo de su recuperación del cáncer. "Debido a los avances del siglo XX en la rehabilitación medicalizada, tendemos a pensar en la recuperación como una especie de trabajo. Hay que esforzarse para sentirse mejor", señala. "Para mí, descubrir incluso la palabra 'convalecencia' me ayudó a entender lo que me estaba pasando tanto física como psicológicamente. Una larga recuperación no tiene por qué significar un fracaso. Puede ser un proceso lento, pero beneficioso".


Fuente: nationalgeographic.com.
 
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